Son las once de la noche. Dijiste que hoy no. Y sin embargo el pulgar ya está ahí, en esa historia, en esa foto nueva, en esa persona que aparece al lado y que no conocés pero ya odiás un poco.
Tranquilo. No estás loco, ni loca. Estás haciendo lo que hace casi todo el mundo después de una ruptura: buscar en una pantalla la respuesta que la otra persona no te dio en la cara.
No buscás a tu ex. Buscás una respuesta
Cuando stalkeás no estás mirando a esa persona: estás revisando la escena del crimen. Buscás la prueba de que le va mal sin vos. O la prueba de que le va bien, para castigarte con eso. Cualquiera de las dos te sirve, porque lo que tu cabeza quiere no es información: es terminar la historia que quedó abierta.
El stalkeo es un duelo que no acepta que ya terminó la película.
Por qué no podés parar
- Cada vez que mirás, tu cerebro recibe una mini dosis: la incertidumbre se calma dos minutos. Después vuelve, con hambre.
- Sentís que mirar es estar cerca. Pero es estar cerca de una versión editada, hecha para ser mirada.
- Mientras mirás su vida, la tuya queda en pausa. Y en el fondo, esa pausa te conviene: doler es más fácil que empezar de nuevo.
Cómo cortar (de verdad)
No con fuerza de voluntad a secas: con fricción. El objetivo no es no querer mirar, es que mirar te cueste más pasos de los que tu impulso aguanta.
Ejercicio
El protocolo de las 72 horas
- 1.Silenciá o bloqueá. No es drama: es cirugía. Nadie deja el cigarrillo con el atado en el bolsillo.
- 2.Cada vez que venga el impulso, escribí UNA línea: qué esperabas encontrar. Vas a ver que siempre es lo mismo.
- 3.Reemplazá el gesto: el pulgar necesita ir a algún lado. Elegí antes a dónde (una nota, un juego, un mensaje a un amigo).
- 4.A las 72 horas el impulso baja a la mitad. No lo digo yo: lo dice tu propia dopamina.
No necesitás saber cómo sigue su vida. Necesitás volver a la tuya.
La próxima vez que el pulgar vaya solo, no te retes. Preguntate qué respuesta estás buscando. Y después hacete la pregunta que importa: si la tuviera que escribir esa persona hoy, con todas las letras… ¿la querrías leer?
Laureano
