Hay gente que no elige parejas: elige salvavidas. No importa tanto quién sea el otro, importa que esté. Que el domingo no pese, que el teléfono vibre, que la cama no quede tan grande.
Si te reconociste, no te culpes. El miedo a estar solo no es un defecto: es un aprendizaje. En algún momento aprendiste que estar solo era peligroso, o vergonzoso, o la prueba de que algo estaba mal con vos.
Lo que el miedo te hace hacer
- Quedarte en relaciones vencidas porque irse da más miedo que aburrirse.
- Bajar la vara: no preguntás si te hace bien, preguntás si se queda.
- Encadenar relaciones sin aire en el medio: terminás una y ya estás en otra, sin preguntarte qué pasó.
- Confundir intensidad con conexión: cualquier chispa parece hoguera cuando tenés frío.
Estar solo no es el problema. El problema es lo que te contaron que significa.
La soledad no es un castigo, es un idioma
Nadie nos enseñó a estar solos. Nos enseñaron a esperar: al indicado, a la indicada, al amor que te complete. Como si fueras una mitad. Pero no sos una mitad. Sos una persona entera que aprendió a tenerse miedo cuando no hay testigos.
Ejercicio
Una cita con vos (en serio)
- 1.Esta semana, hacé UNA cosa que siempre esperás hacer acompañado: ese café, esa película, esa caminata.
- 2.Sin el teléfono de escudo. Que la incomodidad aparezca: es la señal de que estás practicando.
- 3.Al volver, escribí una línea: qué fue lo peor que pasó. Spoiler: casi nunca pasa nada.
- 4.Repetilo. La soledad se vuelve amable con el uso, como los zapatos.
El que no sabe estar solo, no elige compañía: la mendiga.
Y el día que estar solo deje de ser una amenaza, algo cambia para siempre: vas a poder elegir a alguien porque suma, no porque tapa. Ese es el único amor que vale la pena: el que empieza cuando no te falta nada.
Laureano
